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TENGO YO EN MI CORAZÓN..
NEW YORK VENEZUELA
FOTOS DE MARTI
La guerra necesaria
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JOSE
MARTI
part II
A principios de 1871 llega a España el joven José Martí. Sólo tiene 18 años, pero su carácter ha ido madurando en los conflictos familiares, el trabajo, la relación con su maestro, la actividad conspirativa y sobre todo el presidio.
Martí siente que tiene una misión que cumplir: como España desconoce lo que está ocurriendo en Cuba, que está en manos inescrupulosas, del otro lado del mar, él mostrará a España la verdad de su colonia. España reparará esta situación, en nombre de su dignidad y de su honor.
Esto es lo que dice Martí, con una palabra exaltada y viril, en El presidio político en Cuba, folleto que escribió en su primer verano español, y que lo hizo conocido entre los cubanos en Madrid, y también entre algunos españoles liberales.
A su llegada a Madrid Martí ha estado enfermo y ha tenido que ser operado. Pero no ha perdido tiempo: ha dado algunas clases particulares, ha hecho trabajo de traducción y de periodismo, y también estudia, lleva al mismo tiempo asignaturas para terminar el bachillerato, y de la carrera de Derecho en la Universidad central.
Sobre todo, Martí se está enfrentando a la raíz de su cultura. Lee y aprecia: hoy es Santa Teresa y Cervantes, mañana Quevedo y Gracián, luego los rojos y los negros de Goya, más allá las hermosuras de la lengua, del teatro, de Calderón. Conoce a los oradores del momento y graba para sí las virtudes y los defectos de la
tribuna española.
Martí no abandona sus afanes políticos, y en Madrid se lanza de lleno a la polémica.
Se relaciona con los liberales, que andan buscando en Madrid formas nuevas para sacar a España de su retraso. Le parece que si España resuelve sus propios problemas con métodos de independencia, entonces va a entender el derecho de Cuba a la suya. Sale el cubano a la prensa liberal.
Hasta España llegan los ecos de los sucesos con estudiantes cubanos de medicina, el 27 de noviembre de 1871. Los estudiantes habían sido acusados, injustamente, de profanar la tumba de un español en el cementerio . Fueron fusilados ocho de los encarcelados. Entre los presos está Fermín, que a poco será deportado también a
España.
En los foros de la opinión pública española Martí condena la acción por injusta, y procura el indulto de los estudiantes encarcelados .
Mantenía una viva actividad: daba clases, cursaba y examinaba asignaturas de Derecho, pero al mismo tiempo usaba de cualquier medio para su propaganda cubana; incluso se alistó en una logia masónica donde predicaba por la unión y el respeto de la dignidad.
Todo el tiempo anda ya con Fermín a su lado. Se enferma con frecuencia, pero continúa escribiendo: un poema "A mis hermanos muertos el 27 de noviembre"; un drama titulado "Adúltera", y algunos lo motejan como "Cuba llora" por un discurso también a propósito del fusilamiento de los estudiantes .
La agitación liberal continúa y sobreviene la República, en un encrespado mar de acontecimientos políticos. Martí no hace esperar su pronunciamiento y escribe "La República Española ante la Revolución Cubana": la república, para proclamarse, ha hecho uso de sus derechos; los mismos derechos asisten al pueblo cubano: su
voluntad debe ser respetada.
Portada del folleto "La República Española ante la Revolución Cubana"
Pero los republicanos no pensaban igual. Hablaban de "integridad". Integridad quería decir conservar todos sus territorios. Martí se dio cuenta entonces de que no podía esperarse nada de España. Se dio cuenta de que el movimiento autonomista de Cuba no cumpliría las aspiraciones de los cubanos.
Demasiada agitación. El clima es malo. La enfermedad arrecia. El médico aconseja y Fermín y Martí se trasladan a Zaragoza.
En la capital aragonesa matricula de nuevo en la universidad la carrera de Derecho.
Concluido su bachillerato y algunas asignaturas de Derecho, matricula Filosofía y Letras, con grandes apremios para su bolsillo flaco, y mano generosa de Fermín.
Martí estudia mucho, asiste regularmente al teatro y se estrena en el amor a una muchacha.
De la Isla llegan noticias del avance de la revolución, pero en España la república está muriendo. Zaragoza está convulsa, y se levantan barricadas en las calles, pero nada detiene el avance de la reacción.
Tras un corto viaje, por razón de salud, a Madrid, vuelve a Zaragoza a dar sus últimos exámenes. Ha estado cuatro años en España, y ha logrado concluir las dos carreras matriculadas. Cuentan que defendió con frases brillantes su trabajo de fin de estudios, sobre la oratoria de Cicerón.
La figura de Cicerón, el romano de la lengua elegante, siempre fue muy interesante a Martí. Próximo a morir cuenta en su diario de campaña que lleva en el bolsillo, junto a 50 balas, un libro de Cicerón.
Se lleva de España conocimiento de la cultura europea y clásica, entendimiento de varias escuelas filosóficas, y una percepción más amplia y precisa de las posturas políticas metropolitanas.
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Título
expedido por la Universidad de Zaragoza en 1995. Martí no pudo
obtenerlo
en su momento por falta de dinero.

Portada del folleto "
La República Española ante la
Revolución Cubana"

Chickering Hall y Harmand
Hall donde Martí pronuncia
varios discursos.
5ta. Ave y calle 19
Nueva York

Estatua de Bolivar en Caracas

Antonio
Guzmán Blanco, |
New York - Venezuela Son los primeros días de enero del 80. Nueva York lo
deslumbra con su cabeza visible: la ciudad majestuosa, la
industria potente, el comercio activo. Pero él viene a lo suyo: se vincula de inmediato al Comité
revolucionario, y a Calixto García. Colabora en la
preparación de una expedición de García a Cuba, donde ya se
lucha.
Chickering Hall y Harmand Hall donde Martí pronuncia varios
discursos. 5ta. Ave y calle 19 Nueva York Recién llegado pronuncia un discurso en Steck Hall. Quiere
mover a una nueva guerra, y para eso, narra de la Guerra
grande, cuyo espíritu sigue vivo, y destaca el papel de la
emigración en unirse, en juntar recursos. La patria es lo
primero, va con todos. Irá en un plan bien fraguado, que no
tiene nada que ver con las ilusiones autonomistas. Él puede
asegurarlo, porque ha medido la temperatura de España,
porque sabe cuánto vale un cubano en la corte española:
nada. Sigue su aprendizaje de la lengua inglesa, y trabaja en la
revista The Hour y en el periódico The Sun. Vive primero en casa de un amigo, y luego en la de huéspedes
del cubano Manuel Mantilla y su esposa Carmen Miyares. Aunque las relaciones ya están muy deterioradas, logra hacer
venir por fin a su mujer y su hijo en marzo. La esposa no
comprende su sacrificio, y desde la época de Guatemala lo ha
estado recriminando duramente. Cuando Calixto García ha salido hacia Cuba, Martí ha quedado
como presidente del Comité revolucionario en Nueva York. Pero aquel temor de Martí, de que la guerra no estuviera
bien preparada ha sido cierto; se está extinguiendo y no hay
medios para continuarla. Calixto García ha sido hecho
prisionero, y Martí escribe al general Emilio Núñez, que
todavía está sobre las armas, para que las deponga. En octubre su esposa vuelve de nuevo a Cuba con el hijo.
Sólo ha permanecido siete meses. La separación del hijo le
ha estado dictando a Martí rimas puras, que conformarán un
libro inolvidable. Martí abandona Nueva York con rumbo a Venezuela.
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En enero de 1881 llega Martí a Caracas. Es el viajero de los
"Tres héroes", aquel que llegó una noche y "sin sacudirse
el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía,
sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar". Y es
que Martí sentía una gran admiración por Bolívar, por la
obra que hizo, y por el hombre que fue. Habló de él no sólo en La Edad de Oro, y en otros papeles
dispersos, sino también en 1893, en un discurso en la
Sociedad Literaria Hispanoamericana, donde dijo : Hombre fue aquel en realidad extraordinario. Vivió como
entre llamas, y lo era (...) América hervía, a principios
del siglo y él fue como su horno... Vio los errores de Bolívar, y no quiso repetirlos ni
ocultarlos, pero resaltó su papel y su grandeza : ¡Así, de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de
su nombre resonará en lo más viril y honrado de nuestras
entrañas! Martí solo estuvo en Caracas siete meses, pero ya entonces
tenía 28 años, y las penas acumuladas, las vivencias de sus
viajes, lo han madurado bastante, en su carácter y sus
resoluciones. Se provee, como en los otros países visitados, de trabajo
docente y de prensa. Enseña gramática, literatura, oratoria.
Escribe en La opinión nacional sobre grandes temas: el
centenario de Calderón, la poesía contemporánea de España.
Imagen del escritor venezolano Cecilio Acosta En Venezuela Martí trató con intelectuales de renombre:
Fausto T. de Aldrey, el publicista director de La opinión
nacional; Arístides Rojas, lexicógrafo; y especialmente
Cecilio Acosta, el gran escritor venezolano, a quien conoció
cuando Acosta estaba ya próximo a morir. Su vieja idea de fundar una revista cristaliza aquí en la
Revista Venezolana, de la cual salieron dos números . En el
artículo "El carácter de la Revista Venezolana" Martí
explica que América vive una época nueva, y que el gran tema
de nuestras letras ha de ser esa nación grande que estamos
alzando. Por eso pide una lengua nuestra, que tenga el
rostro de nuestros países: español y mestizo, propio y
universal, sencillo y hermoso.
Presentación de la Revista Venezolana. Hay también unas notas de Martí que se supone que sean de
esta época, donde distingue al escritor de América de los de
otros lugares, y sentencia que no "habrá literatura
hispanoamericana, hasta que no haya -Hispanoamérica". Es
decir, que la literatura es expresión de las ideas y la
fisonomía de un pueblo, y que cada pueblo es único, como
única la literatura en que cuenta su vida.
En Venezuela gobernaba Antonio Guzmán Blanco, que no le
tenía simpatía al escritor Acosta. Al morir este, Martí hace
su elogio, y una crítica desembozada a los modos despóticos
del gobernante. Martí explica cómo el sentido de una vida
hermosa está en sacrificarse por los demás, porque "solo
está completo el que se da". Cecilio Acosta fue uno de estos
hombres, por eso Martí dijo de él que "puso luces¨. En México, Porfirio Díaz; en Guatemala, Justo Rufino
Barrios; en Cuba, el capitán general : ninguno pudo doblegar
a Martí, hacerlo renegar de sus principios de hombre y de
patriota. Guzmán Blanco reclama un elogio para sí, que lo
engrandezca como el de Acosta. No será este venezolano
orgulloso el que haga inclinarse a Martí. Vuelve de nuevo al
camino, y esta vez de regreso a los Estados Unidos.
Al despedirse de Aldrey, le dice su sentimiento y su
propósito: "De América soy hijo: a ella me debo (...) de la
América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente
me consagro¨
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Imagen
del escritor venezolano Cecilio Acosta
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Estatua de la Libertad en la Bahía de Nueva York
En agosto de 1881 llega Martí a Nueva York. Vuelve a hospedarse en la casa de Carmen Miyares, y sus
primeras labores son de cronista para aquel periódico
caraqueño de Aldrey. Claro que al principio firma con
seudónimo, para evitar la suspicacia de Guzmán Blanco, y,
andando el tiempo, para no renunciar a sus ideas, tendrá que
abandonar estas crónicas. Poco a poco irá escribiendo para otros periódicos americanos,
como La Nación, de Buenos Aires y La Pluma, de Colombia. La contradictoria vida política, las pugnas del poder, las
luchas de los partidos, los manejos electorales, el comercio,
la industria, el problema monetario. Todo lo presenta Martí
a sus lectores de América. También está al tanto de los
sucesos europeos y latinoamericanos, para poder contar todo
lo que ayude a transformar.
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Hotel de Madame Griffou donde
se alojan Gómez y Maceo Calle
9 nr 21 en Nueva York


Casa de huéspedes de Carmen
Miyares en Brooklyn 324 Classon avenue
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Su impresión de los Estados Unidos se va moderando. Pasa
de aquel asombro inicial a la mesura, a la apreciación
equilibrada de personajes y factores, y a una preocupación
creciente por el desmedido afán de riquezas. Al llegar a Estados Unidos ha editado un poemario. Lo ha
llamado Ismaelillo. El librito se ha ido conformando en años
anteriores, quizá especialmente en Venezuela, y sobre todo
cuando el alejamiento de su niño y la tristeza le han traído
aquellas "visiones". En la carta dedicatoria escribe al hijo sus más importantes
principios: "Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida
futura, en la utilidad de la virtud y en ti." El librito de Ismaelillo es todo un libro. Allí se comienzan
formas nuevas de hacer el verso, y se toma al niño como un
tema serio y grande de la poesía, y se recrean otras formas
antiguas, que con los temas renovados parecen también nuevas. Pero su pluma es voladora y también está en otras cosas: en
las cataratas del Niágara como las vio Juan Antonio Pérez
Bonalde en su poema, y también en las cataratas de la vida
que traen a los hombres en crisis y al arte convertido en
mera cosa de vender; en el esteticismo respetable de Oscar
Wilde, que no ve otro problema raíz que el desamor del arte,
en lo que se equivoca; en Longfellow y sobre todo en
Emerson, que amaron la naturaleza, su poder y su grandeza
que hace grande al hombre; en Darwin, a quien respetó las
ideas y el afán de investigación, aunque no comprendiera
bien toda su teoría. Y también escribe poemas, desde 1978
venía escribiéndolos; versos libres, endecasílabos, que
guardan su penas personales, emoción, pasión, ira, y sus
grandes temas: el amor, la muerte, la patria, la naturaleza. Estos versos sólo se publicaron después de muerto Martí. Trabaja duro: en las crónicas, en tareas de contabilidad,
traduciendo materiales para una casa editorial. Toda la familia lejana ha sido motivo de angustia permanente,
instando al abandono de una vida que no entienden. Pero
luego la esposa y el hijo han venido a reunirse con él, y
pronto vendrá el padre por una temporada, porque son mucho
tiempo cuatro años de no verse. Viene en 1883. Desde su regreso de Venezuela Martí se reincorpora a la
labor de movilización, a la propaganda revolucionaria, a
formar una nueva organización, después del fracaso de la
Guerra chiquita. Se vincula a otros patriotas, entre ellos
Flor Crombet, a quien lo unirán afectos y campañas. Era preciso encauzar los esfuerzos independentistas, porque
en la Isla abundaban corrientes anexionistas que amenazaban
con hacerse fuertes. Bulle en el pensamiento de Martí un movimiento organizado y
definitivo. Con Flor, escribe a Gómez y a Maceo, los más
dignos y capaces de llevar adelante la guerra. Explica sus
acciones pasadas, expone su preocupación por intentos poco
previsores, demuestra la ineficacia de los esfuerzos
pacíficos, pide opinión y apoyo. Gómez contesta en cuatro meses, y considera que hay que
esperar. Eso hace Martí: allegar, unir, convocar, y esperar. También prosigue su esmerada tarea de levantamiento
americano. Pone al descubierto el carácter desventajoso del
tratado comercial entre Estados Unidos y México, en 1883. En 1884 llegan a Nueva York Gómez y Maceo, que ya han
establecido previamente ciertas bases de un plan de guerra. Martí se une, y es nombrado presidente de la asociación que
procura los fondos.
Hotel de Madame Griffou donde se alojan Gómez y Maceo Calle
9 nr 21 en Nueva York Pero los tres patriotas entran en discrepancias. A Martí le
preocupa que preparen la guerra solo quienes la dirigirán
militarmente, pues la guerra tiene que ser, como ya ha dicho
otra vez "de pensamiento y de conjunto"; le preocupa el
caudillismo que ha visto minar la América libre: la guerra
no es una campaña personal, es tarea y responsabilidad de
todos. Gómez y Maceo no confían totalmente. Vieron perderse
la guerra, y creen que el gobierno civil tuvo mucha culpa en
ello. Martí se separa del plan, para no estorbarlo si tuviera
posibilidades de triunfo. No se presenta en público, y se
niega a hablar en la celebración del 10 de octubre. Ya ha
explicado, con toda la dignidad que ha podido, que lo que lo
ha separado del plan son aspectos de detalles y puntos de
vista. Este es un momento tristísimo en la vida de Martí: alejado
de su causa y obligado por su conciencia a no entorpecer los
empeños de los otros patriotas, abandonado de nuevo por la
esposa, habiendo visto partir también de su lado al padre
enfermo.
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Martí con los trabajadores de la
Principe de Gales.
Liceo cubano en Ibor City

Fábrica de tabacos
Principe de
Gales en Ibor City
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A su soledad acude Carmen Miyares, viuda ya, desde 1885,
con cariño solícito y comprensión verdadera, y su hija María,
a quien Martí dedicó pensamientos hermosísimos, enseñanzas
útiles, afecto de privilegio.
Casa de huéspedes de Carmen Miyares en Brooklyn 324 Classon
avenue Martí escribe. Escribir es un modo de vida, una forma de
luchar, y también un escape para la tristeza. Le encarga
Adelaida Baralt, una amiga, escribir una novela, y lo hace
con seudónimo de mujer: Adelaida Ral. La novela se llamará
Amistad funesta o Lucía Jerez. Martí pinta sus seres: Ana de
serenidad, Lucía de fuego, y sobre todo Juan, Juan que en lo
justo, en lo luchador, en los ideales, se parece a su
creador. Así lo pinta Martí: Llevaba Juan Jerez en el rostro pálido, la nostalgia de la
acción, la luminosa enfermedad de las almas grandes,
reducidas por los deberes corrientes o las imposiciones del
azar a oficios pequeños; y en los ojos llevaba como una
desolación, que sólo cuando hacía un gran bien, o trabajaba
en pro de un gran objeto, se le trocaba, como un rayo de sol
que entra en una tumba, en centelleante júbilo. Traduce también, primero una novela de Hugh Conway Called
back, con el nombre de Misterio, y luego lo hará con la
Ramona de Helen Hunt Jackson. La traducción, dirá más tarde, ha de ser natural, para que
parezca como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a
que lo traduces, que en eso se conocen las buenas
traducciones (...) Ve, pues, el cuidado con que hay que
traducir, para que la traducción pueda entenderse y resulte
elegante, y para que el libro no quede, como tantos libros
traducidos, en la misma lengua extraña en que estaba. No faltan en su obra de estos años artículos sobre los
Estados Unidos. Ya está viendo que hay banqueros bandidos ,
que el poder se negocia, y, sin embargo, escribe a Mercado "todo
me ata a Nueva York". ¿Qué ata a Martí a Nueva York? Él lo dice: la cercanía a
Cuba, en la que no puede vivir; sus propias penurias
económicas; no tener conocimientos prácticos que ofrecer a
los países de América Latina, sino solo su inteligencia que
no se alquila a poderosos; y también lo que ya ha conseguido
en el trabajo de patriotismo. Un suceso norteamericano impresiona especialmente a Martí:
son los mítines y huelgas de Chicago, desatados el primero
de mayo de 1886. La prensa está contra los obreros. Los
burgueses son los dueños de la prensa. Hay siete obreros
presos acusados de poner bombas, de matar policías. Martí lo primero que hace es condenar la violencia, pero
luego, cuando tenga más datos, cuando analice más
profundamente, apreciará que los hombres son juzgados
injustamente, por el movimiento obrero al que representan, y
no por las bombas que nunca pusieron; comprenderá que no
valen para estos infelices los métodos pacíficos, que los
pobres no son escuchados. Toda la realidad es un mosaico, y merece ser descrita. Por
eso lo encontramos también hablando sobre pintura nueva --el
impresionismo--, al lado de otros temas como el racismo, el
comercio desigual, y la explicación poética del mundo que es
la religión. El 2 de febrero de 1887 muere Don Mariano. La muerte de su
padre es un gran dolor para Martí, quien ya había
comprendido toda la ternura y el esfuerzo del viejo. Ve en Nueva York a Enrique José Varona, el cubano a quien
admira el talento y el esfuerzo, y se relaciona también con
Enrique Estrázulas, del Uruguay, quien logra, en 1887, que
su gobierno nombre a Martí cónsul en Nueva York. Hace venir a doña Leonor a fines del 87. Permanecerá más de
un año. Martí la cuida, la regala, y con ella vuelve a tener
hogar, y con las niñas, en la casa de Carmen Miyares. En política se continúa la línea: esperar, prever, juntar,
aplastar al anexionismo, servir. El plan Gómez - Maceo ha
fracasado, y las previsiones de Martí se han cumplido. Las
comisiones en diversos países no tuvieron éxito y las
emigraciones no lograron la necesaria unidad y confianza en
los líderes. Mientras en Cuba aumentan los impuestos, la corrupción, y el
anexionismo intenta alzarse como solución mejor a la falta
de libertad, en los Estados Unidos la iglesia se alinea con
los poderosos, y Martí al lado del católico que defiende a
los pobres: el padre Mc Glynn. Un suceso viene a levantar la frente y acicatear el ánimo
cubano: Fermín, su hermano Fermín, ha probado ante las
autoridades de la Isla la inocencia de los estudiantes
muertos en 1871. Martí, librado de su compromiso moral de alejamiento al
fracasar el plan Gómez - Maceo, vuelve a la actividad
descubierta y pública. Ha visto en los Estados Unidos que la ley y el voto están
vedados a los humildes. Ha proclamado que "nada es un hombre
en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo", y con esas
armas, con esa fuerza, con lo que ha puesto en él su pueblo,
convoca a la conmemoración del 10 de octubre.
La guerra necesaria Presto a la pelea, Martí piensa primero en su deber, y le
escribe a Máximo Gómez, en quien confía, para invitarlo a
preparar la nueva guerra. Ha coordinado ya acciones con generales de las guerras
pasadas, y con patriotas más jóvenes, y le escribe al
Generalísimo: hay que convencer en Cuba de la solución
revolucionaria, hay que organizar --adentro y afuera--, hay
que agrupar a todos: todas las secciones, todas las
tendencias, todas las razas; hay que detener el avance
anexionista. Trabaja, entretanto, para La Nación, de Buenos Aires, para
El Partido Liberal, de México, para El Avisador Cubano, y
aprovecha toda ocasión para dar a conocer las cosas y
valores de Cuba. Por eso comenta Mi tío el empleado, la
novela realista del cubano Ramón Meza, donde dice que estilo
es ajuste del pensamiento a la forma; habla de José María
Heredia, el poeta cubano que puso las palmas de símbolo de
libertad; cuenta de las grandezas patrióticas y humanas de
Céspedes y Agramonte. Su actividad es infatigable, y no descuida los detalles. Con Rafael Serra coopera en el desarrollo de las actividades
de La Liga, una sociedad de los cubanos negros emigrados en
Nueva York, donde se enseña, y se cultiva la inteligencia y
el carácter. Martí será maestro en La Liga. En marzo de 1889 un periódico de Filadelfia publica el
artículo "¿Queremos a Cuba?" y otro periódico de Nueva York
lo reproduce. El artículo era infamante. Enumeraba las
inconveniencias de anexar Cuba a los Estado Unidos, pues se
consideraba a los cubanos como incapaces, faltos de fuerza y
perezosos. Martí se indigna, y convierte su ira en un artículo viril de
respuesta que tituló ¨Vindicación de Cuba". Pocas veces se
vio tan clara la virtud del cubano, su abnegación, su
tenacidad que levantó pueblos en los propios Estados Unidos. Martí critica también a los Estados Unidos, que no quisieron
ayudar cuando la guerra grande a que Cuba fuera libre. La
nación que desprecia a los cubanos está llena de un
individualismo, un afán de poder y riqueza, que no se
concilian con la genuina libertad. Martí defiende, discute, hace historia, analiza la realidad,
en sus virtudes y defectos, del coloso del Norte, y con
estas páginas se hizo un folleto que sirvió para la
propaganda revolucionaria, para exaltar los ánimos dentro de
Cuba y en la emigración, y que le ganó a Martí muchas
simpatías.
A él le interesaban todos: blancos y negros, ricos y pobres,
mayores y pequeños. Por eso, en julio de 1889 comenzó a
publicar una revista dedicada a los niños de Hispanoamérica:
La Edad de Oro. Un brasileño patrocinaba la empresa
editorial. Martí habla para los niños: quiere enseñar historia y
escribe "Los tres héroes" o "El Padre Las Casas"; quiere
explicar cómo los hombres inventan los dioses a su imagen y
semejanza y escribe "La Ilíada, de Homero"; quiere mostrar
las maravillas de la industria y el desarrollo y viaja por
"La exposición de París", o por los instrumentos y las casas
del hombre. Si se va a hablar de razas o de privilegios no
hacen falta tratados, basta con una muñeca negra o un primo
pobre para Bebé que es rico, y todo con tan buen lenguaje
que parece hecho como por mano de niño. Son los mismos temas
de sus combates políticos, pero dispuestos para ojos
pequeños, en el afán de crear mentes grandes y ahondadoras
como la de Meñique. Pero el brasileño no quería esto. Quería lo que se usaba:
estampas y vidas de santos. Martí se negó, y en octubre se
cerró la revista. Por esta época ha conocido Martí a Gonzalo de Quesada, un
hombre joven, que estudia para abogado, dirige una revista
titulada "La Juventud" y lo acompaña en la tribuna del 10 de
octubre. Quesada lo llama Maestro, como los negros pobres de
La Liga, y lo sigue como un verdadero discípulo. Entre el primero de octubre de 1889 y el 19 de abril de 1890
se convoca en los Estados Unidos a una reunión de la América
toda: la Primera Conferencia Internacional de las Repúblicas
de América. En Estados Unidos el mercado no puede absorber
más productos, por eso es preciso expandirse hacia otros
territorios. Eso es el imperialismo. Con la Conferencia se quería formar un mercado común, que
solo beneficiaría a los Estados Unidos, pues sus productos
irían, sin pagar impuestos, al mercado latinoamericano. Así
se frenaría el desarrollo de nuestros pueblos. Martí temía mucho que los gobiernos de América, confiados,
no vieran el peligro que entrañaba un acuerdo semejante. Él
no tenía acceso al Congreso, pero a través de sus amigos,
especialmente Gonzalo de Quesada, que era el secretario del
delegado argentino, se informaba, influía, y escribía
crónicas dilatadas para La Nación. Está mordido por su preocupación americana, por el progreso
del proyecto anexionista, por el temor de que se favorezca
una insurrección en Cuba como pretexto para intervenir, y se
va a Washington, donde los delegados, a comunicarse con
Gonzalo y sugerirle desconfianza. Vuelve a Nueva York más
calmado. Tuvo ocasión de hablar públicamente, y lo hizo: en noviembre,
en la velada de conmemoración a Heredia, llamaba: que no
ayuden los hermanos al robo --esta palabra usó, robo--; y
luego en la fiesta que dio a los delegados la Sociedad
Literaria Hispanoamericana dijo un discurso que se conoce
como "Madre América". Allí contó sobre la formación distinta
de las dos Américas, señaló a los Estados Unidos como un
peligro, y llamó a la unidad de la América pobre y al
desarrollo de su economía: ¿A dónde va la América, y quién la junta y guía? Sola, y
como un solo pueblo se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola.
(...)¿salir por el mundo de limosnera, a que le dejen caer
en el plato la riqueza temible? Solo perdura, y es para bien,
la riqueza que se crea, y la libertad que se conquista, con
las propias manos! Martí no andaba descaminado. El águila del Norte, el ave de
rapiña, presidía, con su imagen en el escudo, las sesiones
del Congreso; y en una de sus crónicas Martí establece la
tarea de América: "urge decir, porque es la verdad, que ha
llegado para la América española la hora de declarar su
segunda independencia¨. Los pueblos de América entendieron, y salieron en salvo.
Nada se concretó en su contra. Pero la angustia de Martí se
transformó en enfermedad en aquel cuerpo resentido, y se fue
a la playa y al monte, a reponerse para las nuevas demandas. Contempló en su sitio de descanso la naturaleza, hizo
recuento de su vida y sus afectos, y todo eso lo escribió en
versos. Eran unos versos distintos, muy concentrados, con la
música de los poemas de la tradición española, íntimos, pero
también universales porque tratan temas del hombre, aunque
muchos son autobiográficos. Vuelto al combate Martí confía, y aunque se han allegado
pocos recursos y la unidad todavía es precaria, convoca a
los obreros de Tampa y Cayo Hueso, que son focos fuertes de
insurrección.
Fábrica de tabacos Principe de Gales en Ibor City
Liceo cubano en Ibor City
Martí con los trabajadores de la Principe de Gales. El Maestro había sido nombrado cónsul de Argentina y
Paraguay, y recortaba su tiempo entre estas tareas, las de
prensa, y su lucha cubana, además de las clases de español
en una escuela municipal nocturna, y las de La Liga. Cuentan los que lo vieron entonces que en su oficina hervía
el trabajo y el bullicio. Este hombre de estado, que ya no es solo un patriota cubano,
sino una voz levantada del continente, ha conformado sus
ideas. Se ha visto en "Madre América" y se ve también en un
ensayo, "Nuestra América", que publica en El Partido
Liberal, de México. Aquel niño de Abdala es ahora un
estudioso que explica quiénes son los enemigos de América y
por qué lo son; un estratega que incluye a cada uno y le
señala su papel en el desarrollo. Pero también se percata de
los males de la casa propia: despotismo, explotación de las
clases pobres, expansión: La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra
América se está salvando de sus grandes yerros: --de la
soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los
campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las
ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de
la raza aborigen--... Lo fundamental, sin embargo, del problema de América no le
viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e
intereses entre los dos factores continentales. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el
peligro mayor de nuestra América. Por el Uruguay fue nombrado como representante a la
Conferencia monetaria de 1891, y con este encargo marchó a
Washington . Lo coge la fiebre de los trabajos preparatorios,
y también, como otras veces, tiene que rechazar al que ha
tratado de comprar su palabra. La conferencia discute la conveniencia de establecer la
unificación del patrón de cambio: James Blaine, el bandido,
el anexionista, defiende el patrón plata. Martí ve. Conoce
las intenciones de los Estados Unidos de atar a América
Latina a través de los intercambios comerciales. Todos los delegados coinciden en que es pronto para una
decisión de cambio, y deciden mantener los dos metales: el
oro y la plata. Martí es elegido para redactar el informe de América Latina,
y mete la mano en las raíces del problema económico y
político: El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay
que equilibrar el comercio para asegurar la libertad. El
pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que
quiere salvarse, vende a más de uno. La política es el arte
de combinar para el bienestar creciente interior, los
factores diversos u opuestos de un país, y de salvar el país
de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los demás
pueblos. De regreso a Nueva York, continúa su labor de cultura y
política en la Sociedad Literaria Hispanoamericana, donde lo
han nombrado presidente. En el 91 la esposa había venido de nuevo con Pepito, por
quien Martí se había estado preocupando y temiendo: porque
lo enseñaban los jesuitas, porque le ponían zetas en la
lengua criolla. Pero ella, ya se sabe, no puede comprenderlo, y allá se va
en busca de Enrique Trujillo, un amigo de Martí, a que le
solicite en el consulado español la salida a Cuba sin el
permiso del esposo. Se van en agosto de 1891, ya para
siempre, y Martí enferma de humillación e ira. En el discurso del 10 de octubre de 1891 -- cuántas veces ha
levantado su voz por Cuba el 10 de octubre-- Martí es ya
otro hombre: alerta sobre la proximidad de la guerra, esta
guerra que seguirá el hilo de Ariadna de las anteriores; y
busca los lazos naturales entre los hombres que la harán, y
habla ya de lo que será el partido para la guerra y la
futura república. Como su labor pública por Cuba crece, el cónsul de España
presenta una queja: cómo es posible que un representante del
gobierno argentino esté haciendo campaña política en contra
de España. Martí puede renunciar a todo: a su familia, a sus cargos, a
su obra literaria. Lo hace. Lo ha hecho ya. Ha suspendido
sus crónicas que le daban de comer, renuncia ahora a sus
consulados y a la presidencia de la Sociedad Literaria. Está libre para dedicarse por entero a la causa de Cuba.
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