Pintora, escritora y poeta. Nace en la
Habana el 18 de mayo
de
1877. H ija
de Esteban Borrero Echeverría, es
educada en un
ambiente de arte y literatura. Estudia
en la Academia de San
Alejandro. Viaja a los Estados Unidos y
conoce a Martí. Colabora en
La Habana Elegante, El Fígaro, Gris y
Azul. Además de su extenso
epistolario y de sus poemas deja dibujos
a pluma y varios lienzos.
Muere en Key West, Florida el 9 de
marzo de 1896.
PINTURAS DE J. BORRERO
Epistolario de Juana Borreeo
POESIA
Vespertino
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Crepuscular
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Hacia el ocaso fúlgido
titila el temblador lucero vesertino, y a lo lejos, se escucha del camino el eco vago de lejana esquila. Como escuadrón de caprichosa fila nubecillas de tono purpurino se desvellonan en celaje fino, etérea gasa, que disuelta oscila.
El rayo débil que las nubes dora, lentamente se extingue, agonizante, sus fulgores lanzando postrimeros;
y la noche se apresta vencedora a desceñir sobre el cenit triunfante su soberbia diadema de luceros.
Hijas de
Ran
Envueltas entre espumas
diamantinas que salpican sus cuerpos sonrosados, por los rayos del sol iluminados, surgen del mar en grupo las ondinas.
Cubriendo sus espaldas peregrinas descienden los cabellos destrenzados, y al rumor de las olas van mezclados los ecos de sus risas argentinas.
Así viven contentas y dichosas entre el cielo y el mar, regocijadas, ignorando tal vez que son hermosas,
Y que las olas, entre sí rivales, se entrechocan, de espuma coronadas, por estrechar sus formas virginales.
Junto a la negra mole de la
muralla altiva que alumbran las estrellas con tenue
luz de plata el trovador insomne de frente
pensativa preludia conmovido la triste
serenata.
El aura de la noche voluble y
fugitiva, besa los largos pliegues del manto
de escarlata, y extiende la armoniosa cadencia
persuasiva que el plácido reposo perturba de la
ingrata.
Al pie del alto foso destácase la
airosa romántica figura del rubio
menestrello, que al agitar la mano sobre el
cordaje de oro
entristecido, exhala su queja
dolorosa en la cadencia rítmica del dulce
ritornello, y en sus mejillas siente que se
desborda el lloro.
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Todo es quietud y paz... En la
penumbra se respira el olor de los jazmines, y, más allá, sobre el cristal del río se escucha el aleteo de los cisnes
que, como grupo de nevadas flores, resbalan por la tersa superficie. Los oscuros murciélagos resurgen de sus mil ignorados escondites,
y vueltas mil, y caprichosos giros por la tranquila atmósfera describen; o vuelan luego rastreando el suelo,
rozando apenas con sus alas grises del agrio cardo el amarillo pétalo, de humilde malva la corola virgen.
ApolLo
Marmóreo, altivo, refulgente y
bello, corona de su rostro la dulzura, cayendo en torno de su frente pura en ondulados rizos sus cabellos.
Al enlazar mis brazos a su cuello y al estrechar su espléndida
hermosura, anhelante de dicha y de ventura la blanca frente con mis labios
sello.
Contra su pecho inmóvil, apretada adoré su belleza indiferente, y al quererla animar, desesperada,
llevada por mi amante desvarío, dejé mil besos de ternura ardiente allí apagados sobre el mármol
Íntima
Quieres sondear la noche de mi
espíritu? Allá en el fondo oscuro de mi alma hay un lugar donde jamás penetra la clara luz del sol de la esperanza. ¡Pero no me preguntes lo que duerme bajo el sudario de la sombra muda... detente allí junto al abismo, y
llora como se llora al borde de las tumbas!
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JUANA
BORRERO
por Julián del
Casal
JUANA BORRERO
Tez de ámbar, labios rojos,
Pupilas de terciopelo
Que más que el azul del cielo
Ven del mundo los abrojos.
Cabellera azabachada
Que, en ligera ondulación,
Como velo de crespón
Cubre su frente tostada.
Ceño que a veces arruga,
Abriendo en sus alma una herida,
La realidad de la vida
O de una ilusión la fuga.
Mejillas suaves de raso
En que la vida fundiera
La palidez de la cera,
La púrpura del ocaso.
¿Su boca? Rojo clavel
Quemado por el estío,
Mas donde vierte el hastío
Gotas amargas de hiel.
Seno en que el dolor habita
De una ilusión engañosa,
Como negra mariposa
En fragante margarita.
Manos que para el laurel
Que a alcanzar su genio aspira,
Ora recorren la lira,
Ora mueven el pincel.
¡Doce años! Mas sus facciones
Veló ya de honda amargura
La tristeza prematura
De los grandes corazones.
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